Me construí a mi mismo desnudo, bello, irreverente. Desde mis huesos frágiles partió la primera blasfemia hacia el creador... Me negué a ser sometido, dirigido, doblegado. Me transformé en apóstata. Fui condenado, pero mis alas eran de fénix, y así renací en hogueras y atravesé los océanos... Vi periferia por dondequiera, calambres y hambre, parlamentos y lamentos, aprendí la desesperación. Cavé con las uñas un pozo de sueños y me embriagué con los mismos de siempre, rebeldes, poetas, músicos, náufragos.. Miré a la izquierda, miré a la derecha y vi rostros sucios ocultos tras limpios uniformes vertiendo la sangre de los pueblos en nombre de la justicia, la dialéctica y otras empalagosas quintaesencias... Tomé la rabia y la afilé y lanzé truenos contra los tronos, enemigo de los gobiernos, enemigo de las patrias, enemigo del dolor. Abrazo al mundo, vivo y no ruego, amo y resisto sus tiranías.
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